Viernes: franco. Aprovecho para terminar de reservar mis vacaciones (ya se enteraran). Alegría inmensa. Me invitan a tomar algo a la noche, pero me suena a embole, lo presiento. Termino esa tarde en Oxford Street, comprandome la coleccion de “El Padrino” de Francis Ford Coppola, a £15. No es un ofertón, pero si una linda oferta, y me da una excusa para no ir a tomar algo esa noche. Yo se que es medio antisocial de mi parte, pero realmente no la sentia para nada, y menos tener que volverme en los night buses, y al dia siguiente tener que levantarme a las 8 de la mañana.

Viernes a la noche, luego de la cena, voy al “Apu” de Wimbledon. Si, ese personaje de los simpsons existe aca. No se si es indio o paquistaní, pero abre las 24 horas. Me compro un par de chocolates, y me voy a mi cama, con la laptop en mi falda, dispuesto a ver la parte I de la saga. Los auriculares me aislan del mundo exterior, no en un 100%, todavia escucho a mis vecinos subiendo y bajando las escaleras. Pero son “slight” problems. Apasionado a full viendo como tirotean a Vito Corleone. En eso escucho un sonido como dentro de mi dormitorio, que me hace saltar de la cama. Pienso que es un ratón, pero luego pienso que tengo la paranoia por aquel que vi yendo al baño, una de esas mañanas que me levanto 4.30 am para ir a laburar. Vuelvo a mi cama, tiro a la basura uno de los envoltorios de chocolate. El otro no lo encuentro. Termino la peli, dejo la laptop en mi silla, y a torrar.

Sabado a la mañana: no se porque, me levanto destruido. 0 (cero) energía para ir a laburar. Desayuno en mi habitación leyendo los mails. En eso escucho ese ruido a envoltorio de snack, viste cuando lo arrugás todo… Seré muy sordo, pero esta vez el oído me dice exactamente a donde mirar. Debajo de una especie de puerta que hay en mi habitación, que da a la bomba de agua, estaba el envoltorio del chocolate que no encontré anoche. Pero el papel se estaba moviendo. Yo no se si por estas cosas de el calentamiento global los papeles son seres vivos ahora, pero mi sentido común me indicó que atrás de la puerta estaba el ratón morfándose los restos de chocolate que yo había dejado anoche. Y ese fue el ruido que escuché!! El tipo llevándose el papel para su cucha. Me limito a dar un golpe bien fuerte al piso, y da resultado. El papel deja de moverse. Lo retiro de ahí, lo pongo con el resto de la basura, y decido darle tregua al roedor: te dejo mi ventana y mi puerta abierta, si hoy a la noche cuando vuelvo de laburar seguís ahí, te hago mierda.

No es que me de miedo, pero yo pagué el precio de habitación individual, y no quiero compartirla con alguien que se la pasa comiendo la mierda de todos. No me enternecen ni me atren demasiado las películas “Stuart Little” o.. “Un ratoncito duro de cazar” como para darle asilo. En el camino al laburo decido ser más rutinario en cuanto a la limpieza de mi habitación, y hacerlo una vez por semana.

Sabado a la noche, totalmente destruido. No levanté nunca de ese estado a la mañana, y finalmente el calor (el calor tipo Buenos Aires, húmedo) está llegando a Londres. Para colmo, no hay internet de nuevo en casa, la alegría cybernetica duró menos de 10 días. Sin embargo tengo la energía necesaria para pasar la aspiradora por mi dormitorio, y abrir esa famosa puerta, donde también aspiro en cuanto lugar puedo. Investigo ese pequeño habitáculo. Me doy cuenta que la única forma de evitar la companía de mi nuevo amigo, es no dejar comida en el suelo, porque este habitáculo tiene un agujero por donde pasan los caños que se conectan con el exterior, así que no hay manera de censurar el paso, a menos que ponga una especie de reja.

En fin… seré un londinense más contando acerca de ratoncitos en la casa. Esta ciudad está llena, es que es muy sucia. El basurero pasa solo los lunes. El subte está lleno de ratones. Que se le va a hacer,  hay que adaptarse, no?