Ayer lo llamé a Iván, el argentino que trabaja en el hostel en London. Ni bien me atiende, me dice: “¿¿¿¡¡¡te enteraste de lo que pasó!!!???

Me dejó helado, por el tono y la inmediatez al invocarlo, me dio la sensación de que algo importante había pasado. Me lo nombra a Juraj, el eslovaco que trabajaba conmigo, y ahora con trabajaba con el. Es la persona con la que había ido de vacaciones a Paris (pueden verlo en las fotos en my space). Esos pibes que tienen una cara de buenos, que nunca pensás que tengan intenciones de mal.  El diálogo sigue así:

“¿Qué pasó?” – digo yo,con una ansiedad para que largue la historia en una fracción de segundo.

“Lo echaron a Juraj” – me dice, sin historia previa. Cortita y al pie. Me da el resumen de la película en 4 palabras. Lo que yo quería.

“No te puedo creer!! Pero, ¿por qué boludo?” – Quiero ampliar más detalles, se que alguna vez estuvo en la cuerda floja por no trabajar muy duro, pero eso me parecía historia del pasado

“Porque se choreó una cámara digital y un pasaporte”- me quedo helado, Iván amplia – “Vino Ana (la jefa) a la habitación y lo empezó a apurar. Le empezó a preguntar si el se había robado eso, y llegó un momento que confesó y le dio lo que se había robado. Se tuvo que ir, dejar la habitación, y tiene absolutamente prohibido pisar el hostel”

En fin, nunca hubiera sospechado de ese pibe. Una vez cuando yo laburaba ahí había desaparecido un celular de una habitación que el había limpiado. Pero desestimé la posibilidad de que el haya sido, a pesar de verlo a los pocos días con dos teléfonos. Sencillamente no lo veía posible, no relacioné los dos hechos hasta ahora. El pibe se ve que tampoco podía llevar a la maldad encima, ya que cuando lo apuraron terminó confesando en vez de hacerse el boludo.

Damas y caballeros, una lección más, para no guiarse tanto por lo que uno intuye. A veces falla. Y una reivindicación más de las frases cursi (que son las más ciertas): “Las apariencias engañan”. ¿No?