En Argentina nunca me preparaba un mate, de hecho en casa no tenemos accesorios. Solo tomaba cuando iba a lo de papá o alguna reunión familiar, y alguien había tenido la idea de cebar algunos. Casi nunca dije: “che, preparate unos verdes!”.

En Londres, aproveché la visita de mi viejo para encargarle un equipo de mate, y ahora  a la tardecita bajo a la cocina para cebarme algunos, mientras los que pasan miran con extrañeza, y algunos rechazan probar pensando que es una especie de droga.

 En Argentina tenía dulce de leche en la heladera, pero se bajaba a un ritmo moderado.

En Londres, me encargué dos San Ignacio que sobraron del “love Argentina”, y mi viejo me trajo un “La Salamandra”, infaltables en cada desayuno junto con las tostadas.

En Argentina me la pasaba escuchando a los Rolling Stones.

En Londres escucho a Calamaro.

En Argentina me encantaban los asados en familia, pero si ibamos a comer afuera, no era de sugerir ir a una parrilla.

En Londres… esta abstinencia me está volviendo loco.

No se si es la necesidad de volver, o la falta de pequeñas dosis que allá tenía, que en este sentido puedo decir que en Londres me “argentinicé” mucho…